Bobote, Pedro G. Romero & Refree | Antena/Atenas

Bobote, Pedro G. Romero & Refree | Antena/Atenas

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Experiencia y experimento.
Un caso singular.

En 2017, durante la Documenta de Kassel, pero en Atenas, invité a José Jiménez Bobote, un singular artista gitano de las Tres Mil Viviendas de Sevilla, a grabar una serie de acciones en lugares concretos de la capital de Grecia. La antigua y la nueva Grecia. Se trataba de sacarle sonido al lugar, de golpearlo, como sólo saben hacerlo los flamencos, con los pies. De darle al suelo hasta sacarle gemidos, soniquetes, ruidos que evocaban momentos significantes de la historia: desde Diógenes El Cínico o las predicas del apostol Pablo al Aeropagita hasta la resistencia de Rosa Eskenazi a la ocupación nazi-alemana o los avatares de la supervivencia del comisario Jaritos al Banco Europeo durante la crisis de los PIGS. Bobote golpeaba el suelo y Atenas respondía devolviendo viejos ecos, en un ejercicio anacronista excepcional. El flamenco es capaz de hacer sonar varios tiempos a la vez.

Sacamos diecisiete horas de grabaciones y agua de muchos pozos.

Con este material encerré a Raül Refree, productor, músico y amigo para que tomando los largos títulos como partituras pudiera sacar de ahí meras canciones. Era muy importante pensar en canciones. Los temas deberían tener esa capacidad de ser canciones, eso que silba uno por las calle cuando va distraído, algo así. Las partituras, o sea los textos, reivindicaban, en general, el uso y abuso de esas monedas que se llevan sueltas en los bolsillos, ¡una especie de fetichismo cotidiano contra el gran capital financiero!¡Pistis! Refree consiguió sacarle esa unidad que tiene la canción, ese brillo distinguible y tatareable de entre la amalgama de sonidos que, en otras manos, acabaría llamándose música concreta. Peter Szendy estaría contento y agradecido. Ser capaz de canturrear lo que otros sólo consideran ruido.
Siete canciones, sí, y, si tienen la oportunidad, paseen con ellas por la ciudad de Atenas, los enclaves están bien definidos. Y si no, pues, que Atenas invada su casa con toda su antigua sabiduría horadándoles los oídos como gusanos, una manera de hacerle agujeros a la historia.

Como se decía antes: ¡escuchen con el volumen muy alto!